Se llamaba sociedad…

Se levantaba con las prisas de la ciudad, un café rápido y a trabajar. De camino, en el taxi acomodarse el pelo, que no salgan lorcitas por el pantalón, maquillaje en su sitio y que la manicura siga intacta. Vender durante la mañana cosas poco necesarias, sin sacar esa sonrisa que enseña unos dientes blancos de anuncio y lamer la puntita del zapato de su jefe acomodado y venido arriba.
Llega a casa sin tiempo para ver las noticias, un poquito de comida basura y se planta en el sofá, a embobarse con “Deportes (futbol) cuatro o las homilías de Pedrerol”. Cristiano, fiestas de Neymar, Cristiano, gente llorando por un autógrafo, Cristiano, novias de futbolistas y un minuto y seis segundos de favor a algún otro deporte. Al terminar, a dar un paseo por el centro, un par de tiendas de Inditex para colaborar con el empleo infantil en el cuarto mundo, en el tercero estamos, y consumir como se consume la vida. Una caña con unas amigas del curro y a casa a preparlo todo para el día siguiente.
Cena una ensalada para cuidar la linea y pone la televisión para desconectar de los días grises.
Algún tipo de Sálvame Delux y Gran Hermano consiguen que despeje su mente y la mantienen entretenida para no pensar en cosas más serias.  A veces se levanta y en su ciudad hay huelga, manifestaciones; pero ella prefiere debatir con sus amigos en una terraza sobre como va el mundo. Este domingo quedaron para ir a celebrar todos juntos a la plaza la victoria de su equipo.
Se llamaba sociedad, y se extinguió.

Sandra Morales

@le_petit_san 

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